Monday, 06 March 2017 18:32

Maintaining healthy cooking and eating traditions

Gabriela Serrás prepares a dish of Aztec origin from central Mexico called Romeritos. This traditional Christmas and Easter dish consists of sprigs of romeritos – a wild seepweed plant that grows in marshy areas – potatoes, peanuts, dried shrimp and other spices in a mole sauce.  Photo by Charlotte Fife-Jepperson|Gabriela Serrás cocina platos tradicionales navideños y semana de santos de la ciudad de México llamados Romeritos. Hechos de los romeritos – una planta silvestre que crece en las áreas pantanosas – papas, cacahuates, camarones secos y especias en salsa de mole.  Foto de Charlotte Fife-Jepperson||| Gabriela Serrás prepares a dish of Aztec origin from central Mexico called Romeritos. This traditional Christmas and Easter dish consists of sprigs of romeritos – a wild seepweed plant that grows in marshy areas – potatoes, peanuts, dried shrimp and other spices in a mole sauce. Photo by Charlotte Fife-Jepperson|Gabriela Serrás cocina platos tradicionales navideños y semana de santos de la ciudad de México llamados Romeritos. Hechos de los romeritos – una planta silvestre que crece en las áreas pantanosas – papas, cacahuates, camarones secos y especias en salsa de mole. Foto de Charlotte Fife-Jepperson||| ||||

by Gabriela Serrás, interpreted by José Bernardo Fanjúl and Charlotte Fife-Jepperson

When I was a young girl in Mexico, my mother always cooked for our family. I was often in the kitchen watching her cook and sometimes I was allowed to help with small tasks. When I was about eight years old, I surprised my mom by preparing an entire meal – pasta soup with vegetables – for the whole family.

From this moment on, I continued to improve my skills by asking my mom and grandparents their cooking secrets. They passed on their traditions and taught me the value of not wasting any food.

Our custom was and always has been to cook with fresh ingredients. I have noticed different eating habits here in the U.S. Most of the time, Americans cook with processed foods and are wasteful. Also, it is more common to see families eating out or eating fast food. It seems that Hispanic families have adopted these less healthy eating habits.

Nowadays, families eat few meals per day, yet the portions are large and less healthy. In comparison, in my grandparents’ day they would have up to five meals a day and they were healthier. First, there was breakfast, where you would only drink coffee or hot chocolate, with bread. Second, there was lunch; this was usually soup, an empanada, or scrambled eggs with refried beans. The main meal, or second lunch, usually took place at around 2 p.m. This is the largest meal of the day with a variety of food. Following this would be the afternoon “merienda,” which would simply be a sandwich, bread and hot chocolate, or a chunk of “chorizo,” spicy pork sausage. The last meal of the day would be a dinner similar to the second lunch, but not as large. The family would gather to eat each meal together.

Today, life is more hectic and it is almost impossible to maintain customs from the past. But, in my home, I try to maintain the tradition of cooking from scratch for the sake of my family’s health. Preserving my family traditions sets a positive example for my children, as well as provides food that is healthy, delicious and rich in natural ingredients.

Mealtime is very special in our family. We know that when we sit down at the table, we won’t use our cell phones. We usually talk about our day. During the conversation, we act respectfully and give eye contact to the person we are talking to. Some of our other customs are to thank the person who cooked. Our phrase is “Thank you for this delicious food.” We give a hug and a kiss when we ask, “May I be excused from the table?”

Having at least one meal together as a family will strengthen our family bonds, improve communication with our children, and if the meal were somewhat healthy, it would be even better.

Enjoy!


 

Manteniendo las tradiciónes de cocinar y comer saludable

por Gabriela Serrás

Cuando yo era niña en México, mi mamá cocinaba todo el tiempo para nuestra familia. Yo la acompañaba siempre en la cocina y algunas veces podía colaborar con pequeñas cosas. A la edad de ocho años sorprendí a mi mamá haciendo una sopa de fideos con verduras para toda la familia.

A partir de ese momento continué adquiriendo más conocimientos preguntando a mi madre y abuelos sobre sus secretos de cocina. Ellos me legaron sus tradiciones y el hábito de no desperdiciar nada de comida.

Nuestra costumbre fue y ha sido siempre cocinar con alimentos frescos. A diferencia de México las costumbres en los Estados Unidos, donde muchas veces se cocina con ingredients procesados y se desperdicia partes de los alimentos. Es más factible y común ver a las familias comer fuera de casa. Debido a esto las familias hispanas están adoptando el hábito de comer menos saludable.

Hoy en día, las familias comen menos veces aunque las porciones sean más grandes pero menos saludables. En comparación con los tiempos de nuestros abuelos donde se hacían hasta cinco comidas diarias y eran más saludables. Primero era el desayuno, donde sólo se tomaba café o chocolate con pan. Segundo, era el almuerzo; esto era usualmente una sopa, una empanada o huevos revueltos con frijoles refritos. La comida principal o un segundo almuerzo se hacía alrededor de las dos de la tarde. Esta comida consistía de raciones más abundantes y un menú más variado. Después seguía la merienda, la cual era un simple bocadillo como pan con chocolate o un trozo de chorizo. Por último seguía la cena, la cual era similar al segundo almuerzo pero no tan abundante. La familia se reúne para participar de cada comida.

Hoy en día, se vive más de prisa y es casi imposible mantener las costumbres de antes. En mi casa, yo trato de mantener la tradición de cocinar todo con alimentos frescos cocinados por mí misma para la salud de mi familia. Al conservar mis tradiciones familiares les doy un ejemplo a mis hijos, además de proporcionarles una comida saludable, deliciosa y rica en ingredientes naturales.

La hora de comer es algo muy especial para todos en nuestra familia. Sabemos que al sentarnos a la mesa, no se debe utilizer el cellular. Por lo regular hablamos de cómo nos fue durante el día. Al converser, demonstramos respeto y atención viendo a los ojos de la persona con la que conversamos. Otra de nuestras costumbres es que agradecemos a la persona que cocinó. Nuestra frase es “Gracias por esta deliciosa comidita.” Le damos un abrazo y un beso a la vez que preguntamos, “¿Me puedo retirar de la mesa?”

Con al menos una comida al día juntos en familia, enriqueceremos nuestros lazos familiares, mejoraremos la comunicación con nuestros hijos y además si es algo saludable, será todavía mucho mejór.

¡Buen provecho!