Monday, 06 March 2017 21:44

Pursuing my ‘American Dream’

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By Lilliana Ceceña

My mother moved my four siblings and me to Salt Lake City, Utah from San Diego, California on December 19, 1994. We had three suitcases of clothes in our possession. Our ages ranged from two to 16 years of age. My mother wanted to get away from the dangers we were exposed to in San Diego. Thinking back, she had to have been the bravest person I know to love herself and her children so much that she would go to an unknown community in search for a better life.

Soon after arriving in Salt Lake City, I began attending the Guadalupe charter school. It was where I learned to speak English, where I met my first friends, and where I began to admire my first mentors.

As a single mother, my mom did her best to raise us the only way she knew how. At times she had three jobs and would work sixteen-hour days. She would come home only to make sure we were all there and to cook us a warm meal, then she would head back to work. There were times I would hardly see her, but when I did, I felt safe and secure. I knew nothing would ever happen to me as long as she was around.

She instilled in us the foundation of hard work. In 1996, she bought our first home on Montague Avenue (near 900 W. 900 S.). We felt as though we were beginning to live the American Dream. We loved our community and became close to all of our neighbors. We still had to share bedrooms, but were thrilled with the idea of our own backyard and being able to play outside until dark.

As my oldest brother was serving his second tour in Iraq, my mother decided it was finally time to petition for her citizenship. On July 12, 2006 she went with him to the local United States Citizenship and Immigration Services building only to learn with shock that she would never again return to the home she bought, nor live with all of her children under one roof. She was handcuffed and deported within days.

I felt as though the government I supported and learned to love had failed me. How could someone who has given 25-plus years to this country, whose son is a veteran of the Iraq War, whose children are law-abiding, contributing members of society, be kicked out like a dog in handcuffs? She only wanted to find hope and opportunity for our family by coming here.

At this time our six siblings’ ages ranged from six to 26. Life as we knew it changed before our eyes and that feeling we once had of reaching the American Dream was lost. I was 16 years old and in the prime of my adolescence, arguably the most important time to have your mother by your side.

I was confronted with a choice of whether or not to move to Mexico with my mom. I had to pray and listen to my heart, and I chose to stay in the U.S. under the care of my older siblings.

I found a full time job and focused my energy on academics. I was awarded an academic scholarship that allowed me to attend Judge Memorial high school. I took AP and honors classes, was the Vice President of the National Honors Society, served as a peer minister, and was a member of the Lacrosse team.

All the while I was searching for my identity away from my mother. I was afraid and became very depressed. My only sense of security was taken from me and I didn’t understand how to deal with it. I hardly knew myself.

I continued pushing myself and after graduating from Judge Memorial, I began college at Westminster and then completed my Bachelors degree at the University of Utah. I was able to obtain grants and scholarships that I am forever grateful for.

At a young age I learned the value of having dreams and goals. I used the foundation of hard work that my mom taught me, the support of my family, the guidance of mentors in my community and my social networks. I actively keep a vision board of all the things I want to accomplish and I have faith that I will.

In the wake of this new presidency, the fear I once had reigns true for a lot of people in the U.S. Currently, I am still in the process of bringing my mother home and am hopeful that soon she will be back by our side. Let’s all continue to share our stories to drive change in our communities and across our country.

 

Persiguiendo mi ‘Sueño Americano’

por Lilly Ceceña

Mi madre trasladó a mis cuatro hermanos y a mí a Salt Lake City, Utah desde San Diego, California el 19 de diciembre de 1994. Teníamos tres maletas de ropa en nuestra posesión. Nuestras edades oscilaban entre los dos y los diez y seis años de edad. Mi madre quería alejarse de los peligros que estaban en San Diego. Recordándolo lo bien, tenía que haber sido la persona más valiente que conozco para amarse a sí misma y a sus hijos tanto así que estaba dispuesta a mudarse a una comunidad totalmente desconocida en busca de una vida mejor.

Poco después de llegar a Salt Lake City, comencé a asistir a la escuela charter de Guadalupe. Fue allí donde aprendí a hablar inglés, conocí a mis primeros amigos, y empecé a admirar a mis primeros mentores.

Como madre soltera, mi madre hizo todo lo posible para criarnos de la mejor manera posible. A veces tenía hasta tres empleos y trabajaba diez y seis horas al día. Ella sólo volvía a casa para asegurarse de que estábamos todos allí y para cocinar; después volvía a trabajar. Había veces que apenas la veíamos, pero cuando la veía sentía una emoción inexplicable. Su sola presencia me hacía sentir segura. Sabía que nunca me pasaría nada mientras ella estuviera cerca.

Ella nos inculcó el principio de trabajar duro. En 1996, nos compró nuestra primera casa en la avenida Montague (cerca de 900 W. 900 S.) Todos nos sentimos como si estuviéramos empezando a vivir “el Sueño Americano”. Nos encantaba nuestra comunidad y nos llevávamos bien con nuestros vecinos. Todavía teníamos que compartir habitaciones, pero estabamos encantados con la idea de tener nuestro propio patio y poder jugar afuera hasta que caía la noche.

Como mi hermano mayor estaba sirviendo su segunda gira en la Guerra de Irak, mi madre decidió que finalmente era el momento de solicitar su ciudadanía. El 12 de julio de 2006 fue con él al edificio local de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos para descubrir con sorpresa que nunca más volvería a la casa que había comprado, ni viviría con todos sus hijos bajo un mismo techo. Fue esposada y deportada a los pocos días.

Sentí como si el mismo gobierno que yo apoyaba y amaba me había fallado. ¿Cómo podia ser que alguien que había dado más de 25 años a este país, que su hijo era un veterano de la guerra, que había criado a sus hijos para que respetaran las leyes como miembros contribuyentes de la sociedad, fuera expulsada como un perro encadenado? Sólo había querido encontrar esperanza y oportunidades para nuestra familia al venir aquí.

Para esta época nuestras edades estaban entre los seis y los veintiseis años de edad. Ya éramos seis hermanos. La vida como la conocíamos había cambiado ante nuestros ojos y ese sentimiento que una vez sentí de haber alcanzado el Sueño Americano se había perdido. Yo tenía dieciséis años y en plena adolescencia; quizás el momento más importante para que una hija tenga a su madre a su lado.

Me enfrenté con la opción si ir o no a México con mi madre. Tuve que orar y escuchar a mi corazón. Decidí que México no era una opción para mí, así que decidí quedarme bajo el cuidado de mis hermanos mayores.

Encontré un trabajo de tiempo completo y centré mis energías en mis estudios. Me concedieron una beca académica que me permitió asistir a la escuela secundaria Judge Memorial. Tomé clases de honor, era la Vicepresidenta de la Sociedad de Honores Nacional, y jugaba en el equipo de Lacrosse.

Durante todo este tiempo estaba buscando mi propia identidad lejos de mi madre. Tenía miedo y entré en una gran depresión. Mi única sensación de seguridad me había sido quitada y no entendí cómo lidiar con ello. A penas me conocía a mí misma.

Me seguí esforzando por progresar en mis estudios y después de graduarme de Judge Memorial, ingresé a la universidad de Westminster y luego terminé mi licenciatura en la Universidad de Utah. Pude obtener becas y estoy muy agradecida por esa oportunidad.

Desde una temprana edad aprendí el valor de tener un sueño y tener metas. Utilicé el principio del trabajo duro que mi madre me había enseñado, el apoyo de mi familia y la orientación de mentores en mi comunidad.

Con la elección del actual presidente, el temor que yo misma tuve una vez, se ha hecho realidad para una gran cantidad de personas en todo el país. Presentemente, estoy en el proceso de traer a mi madre de regreso a los Estados Unidos y espero que pronto esté a nuestro lado. Continuemos compartiendo nuestras historias para así impulsar cambios positivos en nuestras comunidades y en todo nuestro país.